La artrosis es una enfermedad asociada a la edad, y en veterinaria, a los perros. Hasta hace poco no se había considerado a los gatos. La razón es sencilla, por un lado los propietarios no detectan fácilmente los síntomas más habituales; y por otro lado los gatos son especialistas en esconder señales de alarma. No es fácil ver a un gato con señales preocupantes o cambios de conducta importantes hasta que la enfermedad (esta y otras) no se encuentra en un estado avanzado.

¿Está infradiagnosticada la artrosis en gatos?

Según estudios analizados en los últimos años parece que la artrosis es una enfermedad muy frecuente en gatos a partir de los 10-12 años de edad. Por lo que podemos afirmar rotundamente que sí, no hemos sabido identificar de manera correcta la enfermedad para poder tratarla adecuadamente y garantizar su calidad de vida.

Factores de desarrollo de la artrosis en gatos

La artrosis es una enfermedad degenerativa de las articulaciones. Al producirse el desgaste del cartílago aparece los dos síntomas que más tememos y más afectan a nuestros animales: la inflamación y el dolor.

Hay algunos factures que pueden predisponer a la aparición de la enfermedad:

  • El sobrepeso: puede agravar notablemente la enfermedad.
  • La aparición de un traumatismo: si el gato ha sufrido alguna fractura, problema muscular o similar que implique una sobrecarga de cierta articulación.
  • Causa genética: hay algunas razas más predispuestas, por ejemplo la raza Maine Coon.
  • Malformaciones articulares.
  • Inflamación de articulaciones por ejemplo por artritis.

Síntomas más habituales de la artrosis en gatos

Como con cualquier enfermedad degenerativa los primeros síntomas, al ser suaves, son difíciles de identificar. Además, como ya os hemos mencionado anteriormente, los gatos son expertos en esconder aquello que les sucede.

El principal síntoma siempre será el dolor, que podremos detectarlo con la aparición de estas señales:

  • Cambios de conducta: agresividad, falta de acicalamiento, menos paciencia, menor interacción, falta de juego.
  • Alteraciones en su alimentación: pérdida de peso o de apetito.
  • Cambios en su pelaje, falta de brillo, mayor caída.
  • Reducen su movilidad: no suben a los muebles como antes, no suben o bajan escaleras, evitan saltos,…
  • Menor limpieza en su bandeja de arena: comienzan a tener pequeños accidentes, haciendo sus deposiciones fuera, si son muy altas por ejemplo.

Diagnóstico y tratamiento

Si has notado algún cambio, por leve que sea, en la próxima revisión con tu veterinario es importante hacer un estudio en profundidad. Revisar las articulaciones y hacer una radiografía que permitirá obtener las primeras pistas. Tu clínica te informará si es necesario realizar pruebas complementarias para confirmar o descartar la presencia de la enfermedad.

A partir de aquí es importante establecer un plan conjunto para poder minimizar el dolor y la inflamación, así como para proporcionar calidad de vida a tu gato. No olvidemos que se trata de una enfermedad crónica y degenerativa.

  • Alimentación: para controlar su peso y ofrecerle los nutrientes necesarios en este momento.
  • Tratamiento farmacológico: dependiendo del  grado de evolución de la enfermedad tu veterinario te informará de las opciones.
  • Rehabilitación y manejo del dolor: es muy importante un plan personalizado para minimizar el dolor y un seguimiento para complementar los otros tratamientos.

Recomendaciones generales

Dado que estamos ante una enfermedad degenerativa que cursa con un importante dolor, es muy importante detectarla de manera temprana para poder atajar los primeros síntomas de modo eficaz. Las revisiones periódicas, especialmente llegada cierta edad, son indispensables.

Controla su alimentación desde su juventud. El sobrepeso no es conveniente y puede agravar la sintomatología.

Si ya tienes el diagnóstico aborda su tratamiento de manera multidisciplinar para poder ayudar a tu gato lo máximo posible.